Pétalos Cromados
De tus pupilas corren las llamas del sol; de tu mirada nace el seol, y me quema envolviéndome en un fuego ambarino, tan solo para arder, con el tiempo desfilando lento. Me obsequias la llama eterna del infierno en un simple jugar de miradas. Pasamos por sendas torcidas que al pisarlas: nuestros pasos suenan como las teclas de un piano pequeño de juguete, el cual procrea melodías anochecidas, con la maqueta de acordes siendo tu cuerpo vestido de un cristal abrillantado por las lágrimas del universo. Y este cristal se fragmenta transformándose en un mosaico de espejos sensibles, los cuales reflejan el palpitar de mi energúmeno corazón. Te juro que con el toque de tus manos me volvería frágil, así como una estatua de marfil, hallándome en un punto que puede llevarme a quebrar. Pero te lo imploro que no me hagas romper…no tengo a nadie que junte las piezas por mi…no tengo a nadie que vuelva a reincorporarme de nuevo. Cuando el viento acaricia el pasto con granizo, tú te hundes, y desapareces dejando entre renglones un hechizo de murciélago. Tu ausencia le dispara al centro de mi medula. La felicidad es como el vino que te traiciona en el segundo trago: una vez que te tiene atrapado podrá decidir en cualquier momento abandonarte en el suelo. La gente va a pasar sobre ti. Todo va a correr igual. Nada cambia. Permíteme permanecer a solas. Deseo perderme en el laberinto de las sombras más lóbregas que traerá el mañana.
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Me mató.