La Gritona Analfabeta

Laberintos. Laberintos. Laberintos. No hay salida y si pretende haber alguna nunca saldré de la infraestructura de tus sentimientos. Rascacielos terriblemente altos me tocan escalar cuando se te ocurre gritar tonterías a mis orejas. Yo no soy culpable de nada. Muéstrame documentos donde aclaren que yo soy la causa de tu fealdad, de tu flaqueza, de tu piel tan delgada que revela un imperio óseo por debajo de ti. Si deseas gritar, grita con todas las fuerzas del mundo, grítale a fulano, a mengano, al individuo que viene por ti todas las noches después de las seis de la tarde, pero nunca te atrevas a dirigirte a mí con gritos. Que se estén cayendo las hojas de tu árbol genealógico, que tu padre a casa borracho volvió de nuevo, que tu madre se vende por las calles, cualquier excusa es invalida ante mi leal saber. En vez de tener sombra, como todos los demás, cargas una silueta de telenovelas baratas. Gabriel García Márquez se reiría de ti sin compasión alguna. Mira que a mí también me dan ganas de gritar pero con eso de que soy mudo solo tengo la pluma para decírtelo y tú ni lees.

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